Ayer leyendo uno de mis libros me di cuenta que hay sensaciones que nunca voy a olvidar, aunque después de grande, díganse 29 años pocas veces vuelva a experimentar.
Creo que la que más recuerdo es la de ir caminando con los pies descalzos bajo la lluvia en un suelo terroso, mirar como la tierra va tomando otro tono, más oscuro y fresco, y sentir como el barro fresco entre los dedos de los pies, a la vez que aprietas los dedos y sientes los grumos de tierra sabiendo lentamente.
También estaban los carnavales, cuando estaba chico, jugaba carnaval con mi papa hasta el cansancio, yo vivía en un edificio pequeño de esos que aquí en caracas, llamarían bloques, pues no tienen más de cuatro pisos, mi edificio a penas tenia tres pisos y a su rededor jugábamos carnaval, con bombas de aguar y mangueras, con huevos rancios y carreras por todo lugar, recuerdo una vez que mi papa llegaba con las manos metidas en los bolsillos y nos saludo con una sonrisa en los labios y en ese momento sacó las manos de los bolsillos tan rápido que casi no las vi para destriparnos a mi y a mi mejor amigo, un par de huevos rancios en la cabeza. ( que de por si estaba llena de barro) Recuerdo que esa vez volvimos un desastre todo el pasillo de mi edificio y toda mi casa, mientas mi mama nos gritaba para que jugáramos afuera.
La camisa blanca llena de tierra, recuerdo jugar metras, (canicas) con mis amigos y acomodarme en el suelo, acostado en el piso cuando había una postura difícil, para darle a una de las metras, mientas jugaba hueca ó rayo.
El rio, recuerdo de niño haber jugado en el rio del parque HENRI PITTIER yo me montaba en una de las rocas altas, (bueno no tan altas) y saltaba hasta el pozo de agua helada, cosa que me encantaba, corría como desesperado titiritando fuera del agua y daba la vuelta para lanzarme de nuevo.
Llevar sol, hasta pelarme los labios mientras mi papagayo se elevaba con todos los problemas del mundo hasta los cielos y se quedaba allá arriba mientras yo lo veía, sobre aquel fondo azul celeste.
Mi perro, mi cachorro Campeón, un pastor alemán de buena cepa, correr por todos lados y lo que más recuerdo era verlo mordiendo su hueso mientras su orejas altas y puntiagudas se movían con conciencia propia detallando cada uno de los sonidos, como extraños sus ladridos y sus juegos.
Recuerdo la primera vez que miré el atardecer, ya estaba más grande, estaba al lado de mi noviecita, (Se me escapa una sonrisa) fue algo sin pensarlo, estaba en un campo de beisbol, en una tarde cualquiera, estaba atardeciendo y nosotros hablábamos en medio de rigth field, sentados en el césped y nos reíamos mientras ella leía uno de esos libros de astrología que tanto le gustaban.
Ja, Se suponía que esto iba a ser un escrito de solo diez líneas pero ya van unas cuantas, mejor lo dejo hasta aquí. Pero quiero cerrar diciendo, hay cosas que uno a veces olvida y las recuerda con una sonrisa, cuando uno es niño no hay tantas preocupaciones tontas como las que tenemos de viejos, y disfrutamos más de nuestros amigos y nuestros complejos son bien pocos, no tenemos traumas que superar, ni retos por delante, bueno quizá solo uno, llegar a ser astronauta, llegar a ser militar, pelear en una guerra como Rambo ó volar por los cielos como superman, ó quizás simplemente crecer.
Comentarios
Publicar un comentario